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jueves, 11 de diciembre de 2014

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Una mujer que abortó

itvlam - 16:14:00
Este artículo invitado desde el Listin Diario, aparece ilustrado con la foto de Sandy Lockward, pero no indica en ninguna parte que incluya opinión o testimonio de la joven comunicadora.
No se porque este artículo invitado a Diario Azul tiene como ilustración la foto de Sandy Lockward, y el título arriba mostrado, pero es muy impactante. Lo escribe Alicia Esteves y lo recogimos de un sitio público. Lo presentamos aquí porque es lo más influyente que hemos leído sobre el tema del aborto.

Dice así:
Alicia Estévez
alicia.estevez@listindiario.com

En el debate sobre la legalización del aborto, ha quedado ausente una voz y es la de las mujeres que han abortado. Una de ellas me contó su experiencia. Dice que creyó que la interrupción de un embarazo, practicado con las condiciones higiénicas apropiadas, no tendría consecuencia alguna. Pero no fue así. Las hubo, emocionales y físicas. Cuando esto ocurrió, ella se había dicho que, como el embrión era tan pequeño, allí no había nada. Se hizo a la idea de que el bebé todavía no existía. Pero, durante el procedimiento, sintió el cordón umbilical escurrirse entre sus piernas y percibió que pegado a él había algo que le estaban arrancado. Varias décadas después, a veces vuelve a sentir esa sensación, del contacto con el cordón umbilical, y se estremece. Aquel aborto fue el primero. Luego hubo un segundo, del cual ni siquiera es capaz de explicar el porqué lo hizo.


Después, un comportamiento errático la llevó hasta el sillón de un psiquiatra. Le diagnosticaron una depresión post aborto. Le explicaron que esta pudo llevarla a querer auto castigarse a sí misma e influir para que agrediera a los hijos concebidos después del primer aborto. Cuando ya todo parecía “ideal” para formar una familia, se enteró que un aborto también aumenta las posibilidades de tener niños que sufran algún tipo de trastorno. Entendió que aquella intervención “hecha con todas las reglas de seguridad” podría influir en que diera a luz un hijo con discapacidad. Y, después que esos niños nacen, ya ningún médico se ofrece para matarlos, reflexiona.
Esta mujer piensa que legalizar el aborto, en caso de violación, no salva a la víctima del mayor de los tribunales, al cual ha de enfrentarse cada día, el de su conciencia. Por eso, ese debate, basado en papeles, le parece ajeno para quienes, como ella, han tenido que tomar una decisión tan terrible como abortar. Piensa que, tras el trauma que conlleva una violación, una mujer no debería asumir, además, la carga emocional, física y psicológica de un aborto, no importa cuán justificado parezca. Y asegura que quien diga lo contrario nunca ha tenido que abrir las piernas para que un médico le arranque por trozos un hijo del vientre. Invita a que cualquiera que tenga un hijo enfrente se pregunte si hubiese preferido matarlo y que no naciera.

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