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miércoles, 9 de noviembre de 2016

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GUSTELE O NO TRUMP GANO

Miguel Camarena - 3:57:00





El candidato republicano triunfó en los comicios, en una reñida pelea voto a voto en estados clave. Asumirá el 20 de enero. "Hillary me felicitó por nuestra victoria", dijo. "Es hora de unirnos, voy a ser el presidente de todos los norteamericanos", agregó.

El nuevo presidente de Estados Unidos es Donald Trump, el candidato republicano, magnate y empresario neoyorquino de 70 años, que aterrizó en la política como el representante antisistema que vino a patear el establishment estadounidense.

Hillary me felicitó por la victoria", dijo Trump al hablar ante sus seguidores, minutos antes de las 3 de la mañana hora de Nueva York 

A todos los republicanos, demócratas e independientes en esta nación, les digo que es momento de que nos reconciliemos como un pueblo unido", agregó Trump en su discurso, en el que incluyó elogios a su rival, al asegurar que Estados Unidos tiene una "deuda de gratitud" con Clinton.

Vamos a buscar alianzas, no conflictos con el mundo", agregó Trump. En esa línea, y ante la euforia de sus fans, destacó que Estados Unidos -bajo su gobierno- "estará de acuerdo con todos aquellos que quieran llevarse bien con nosotros".

El candidato pudo con todo: una fuerte presión de la prensa que jugó a favor de Hillary Clinton, al igual que toda una legión de celebridades que salieron a votar "demócrata" e hicieron parodias del neoyorquino, casi como si fuera una caricatura. También sobrevivió a  todo el carisma que el matrimonio Obama impuso en el final de la campaña electoral.
Pero nada pudo detener el fenómeno Trump. Ni siquiera las denuncias que le llovieron como acosador de mujeres. Su desconocimiento de las cuestiones más delicadas de política internacional. Y sus propuesta homofóbicas tampoco importaron. Es más, por el contrario, calaron profundo en el interior del votante blanco estadounidense que salió a votarlo.
No sólo se impuso en el estratégico estado de Florida. También ganó en Ohio, aupado por los blancos de clase obrera de las zonas rurales y la región de los Apalaches, entre los que ya arrasó en las primarias, pese a que el actual presidente, Barack Obama, se adjudicó el estado las dos últimas elecciones gracias al voto urbano y afroamericano.
Este estado industrial del Medio Oeste se considera un barómetro electoral desde hace más de un siglo: quien ganó en Ohio fue presidente en 28 de los últimos 30 comicios y ningún conservador llegó a la Casa Blanca sin hacerse con sus votos electorales.
Las encuestas apuntaban a una victoria de Trump, con una ventaja de 3,5 puntos, según la media que elabora la web Real Clear Politics.
Los republicanos tienen su nicho de votos en el sur del estado, en las áreas rurales y en los condados de la región de los Apalaches, donde Trump arrasó en las primarias gracias al entusiasmo que su campaña ha despertado entre el votante blanco de clase trabajadora.
El mito de Ohio se sustenta en la estadística: tiene el mejor historial de los 50 estados en el voto por el candidato ganador, sus resultados siempre son muy parecidos a la media nacional y ha dado votos electorales (que se asignan en función de la población) decisivos al ganador más veces que ningún otro estado competitivo.
En las grandes ciudades de Estados Unidos y también en todo el mundo se preguntan cómo un personaje intempestivo como Trump, que dijo que los inmigrantes mexicanos son violadores o narcotraficantes, que se burló de discapacitados, que prohibirá el ingreso de musulmanes y que admitió en un video que manosea a las mujeres sin su consentimiento puede ser votado masivamente.
 Es que Trump logró sintonizar con el malestar de las clases medias industriales, rurales, sin estudios universitarios de ciudades pequeñas de la “América profunda” que está frustrada porque hace años y años que no puede progresar. 
Hombres y mujeres que se quedaron sin trabajo porque las fábricas se van a otros países con costos más bajos o porque su tarea fue remplazada por la de una máquina. Esa gente, si consiguió un nuevo empleo, gana la mitad. Crecen las deudas, los problemas con las drogas, el malestar. Ven a los inmigrantes como enemigos, como el “otro” que invade su trabajo y su identidad estadounidense.
Fuente  Clarin.com


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